—… Y entonces dije: «Mira, Leigh, sé que eres inteligente, y sé que eres hermosa y que hay dieciocho millones de hombres que saltarían de un camión en movimiento solo para tener la oportunidad de decirte un piropo, pero yo tengo mucho dinero y si nos casamos te divertirás gastándolo…».
—Y yo dije: «¡Por supuesto que sí, Dauphin!» —dijo Leigh—. ¡Y por supuesto que lo gasto!
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