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Enrique Krauze

Historiador y ensayista, Enrique Krauze nació en la ciudad de México en 1947. Es ingeniero industrial por la UNAM (1969) y doctor en Historia por El Colegio de México (1974). En 1977 ingresó a la revista Vuelta como secretario de redacción y en 1981 se convirtió en el subdirector, puesto que ocupó hasta diciembre de 1996. En 1991 fundó la Editorial Clío y en 1999 dio a la luz, como director, a la revista Letras Libres.
La resonante acogida que críticos y lectores dispensaron a Siglo de caudillos (IV Premio Comillas. Andanzas 207/1), Biografía del poder (Andanzas 207/2) y La presidencia imperial (Andanzas 207/3), tiene su eco en la publicación sistemática de su obra como historiador, ensayista y biógrafo en Tusquets Editores, preludiada por la antología La historia cuenta (Fábula) y continuada con Caudillos culturales en la Revolución Mexicana (Andanzas 207/5), Mexicanos eminentes (Andanzas 207/6), Tarea política (Andanzas 207/7), Daniel Cosío Villegas. Una biografía intelectual (Andanzas 207/8) y Travesía liberal (Andanzas 207/4).
En 1990 ingresó a la Academia Mexicana de la Historia. En el 2003, el Gobierno Español lo condecoró con la «Gran Cruz de la Orden de Alfonso X, el Sabio». Desde abril de 2005 es miembro de El Colegio Nacional.

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El tema de mi padre: por más urgente que sea la reforma política, el problema que debería ser el centro de la reflexión y la discusión es el de la modernización o, como se dice ahora, el desarrollo. Los grupos dirigentes mexicanos sucesivamente han adoptado los modelos políticos, económicos y sociales que les ofreció Occidente: liberalismo democrático, evolucionismo positivista, capitalismo clásico y, en sus distintas versiones, socialismo.
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Entonces el intelectual descubre que su verdadera misión política es la crítica del poder y de los poderosos.
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1977 dijo a Julio Scherer:
En cuanto a las esperanzas: son vanas por definición. No, no veo –lo que se llama ver– el porvenir de México. Me consuelo pensando, que los hombres, en general, no ven el futuro. Por eso, quizá, nuestra ocupación favorita es preverlo. Para desquitarnos de nuestra ceguera histórica, los hombres hacemos proyectos. Esos proyectos se transforman en obras que, a su vez, se convierten en ruinas.
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