Algo aún mejor que aquel futuro brillante era lo que ya tenía: una cancha que siempre sería su hogar, una familia que nunca le daría la espalda y a Andrew, que por una vez no había malgastado el tiempo de ambos negando que aquello que tenían significaba algo real para los dos. Neil ni siquiera había reparado en el silencio al principio, demasiado distraído con sus propios pensamientos, pero ahora no pudo evitar sonreír y tirar de Andrew hacia él.
Tenía todo lo que quería, todo lo que necesitaba, y no pensaba soltarlo nunca.