Querer suicidarme era una descripción una tanto suave.
Sentí una parálisis familiar y me cubrí la boca con las manos, mientras miraba el pegote sobre las rayas azul marino y rojas. Aquellas rayas se grabarían a fuego en mi memoria. Rayas gruesas azules y otras más finas rojas, una camisa bastante linda.
–Puaj, ¿eso es…? –escuché decir a Max.
No podía mirarlo a la cara. Solo vi cuando acomodaba su camisa mientras hacía un sonido de disgusto.
–Lo siento, estoy enferma –repuse débilmente.
–Está… bien. Emm, okey, solo voy a… –y luego se escabulló apresuradamente entre la multitud. Tiré la capucha