Mirábamos nuestro planeta, el lugar donde habíamos evolucionado. Nuestra Tierra estaba llena de color, era bonita y delicada en comparación con la muy áspera, accidentada, destartalada, hasta aburrida superficie lunar. Creo que a todo el mundo le sorprendió que hubiéramos viajado 386.000 kilómetros para ver la Luna cuando era la Tierra lo que en realidad valía la pena contemplar.