Clara Janés

  • Raul I Lemuz Rmembuat kutipantahun lalu
    Era una mujer que yo imaginaba rodeada de libros y atenta sólo a los frutos de su inteligencia.
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    Y me decía a mí misma que, al no ver y no poder leer, por las noches –pues padecía de insomnio– preparaba mentalmente el recibimiento de la persona que acudiría a visitarla, de modo que cada vez el encuentro era una creación. Así en el diálogo no se daba ni un momento vacío, ni una salida del pentagrama trazado, y ella lo orientaba siempre hacia lo profundo del tema que le inspiraba el que tenía delante, abarcándole. María dirigía la conversación como uno imagina pudo haber hecho Sócrates mediante aquel procedimiento llamado mayéutica que consistía en preguntas a través de las cuales lograba que fuera el interlocutor quien llegara a la conclusión por él deseada. Cuando estábamos a solas, siempre se revelaba su don de magisterio, su incitar al saber, su modo de abrir el horizonte a la mente ávida de saber.
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    si había que ser siempre lo que ya se era, si siendo niña no podría ser nunca un caballero, por ser mujer. Y esto me quedó en el alma, flotando, porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer».
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    onfiesa: «Trabajosamente había asistido sin perder apenas una, a las clases de Metafísica de Ortega de tan deslumbrante claridad... era tan claro y sin embargo apenas había entendido alguna cosa». Y es que ella detestaba los sistemas filosóficos, porque le parecía que ya no tenían la capacidad de interpretar la realidad. Eran «castillo de razones, muralla cerrada del pensamiento» (Filosofía y poesía7). El pensamiento, veía ella, se relaciona con lo íntimo de la existencia: «El pensamiento, por lo visto tiende a hacerse sangre. Por eso pensar es cosa tan grave»8.
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    No tendré pues enemigo, ni creeré que nadie me ama especialmente, ni menos lo desearé, que antes me devoraba ese deseo de que me quisieran, de ser amada.
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    Esa verdad, para ella, era «ser pobre. No pretender que nada nos cubra de esplendor, ni aparecer de ninguna manera ante nadie, apreciar sólo lo necesario sin darle importancia: ir rectamente hacia el corazón de las cosas; tratar al prójimo sin temor, ni vanidad, porque ya lo había visto, eran eso: el prójimo [...]»15.
  • Miri Picazomembuat kutipan2 tahun yang lalu
    «La peor maldición que pesa sobre la mujer es la de haber sido excluida de las expediciones guerreras. No es dando la vida sino arriesgando su vida como el hombre se eleva por encima del animal; por eso en la humanidad, la superioridad ha sido acordada, no al sexo que engendra, sino al que mata»
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    hombre asume el riesgo de su vida y la mujer asume la responsabilidad de introducir en el mundo unas cuantas vidas». Este es un punto que, en la ac
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    Y remontándonos todavía más, casi podríamos decir que la mujer no es lo Otro sino lo Uno.
  • Miri Picazomembuat kutipan2 tahun yang lalu
    dando, como en el tiempo, un salto en el espacio, la primera gran novela de la literatura universal, tal como hoy entendemos el género, es obra de la japonesa Murasaki Shikibu: La historia de Genji, que ha sido comparada con Don Quijote de la Mancha
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