Yo, contra el amor fieramente rebelde,
mucho tiempo insultando los cautivos grilletes,
de débiles mortales viendo tristes naufragios,
pensando desde fuera contemplar las tormentas,
y sometido ahora a lo que es ley común,
¿por qué tanta la emoción se apodera de mí?
Mi imprudente audacia en un punto es vencida,
Esta alma orgullosa es ahora dependiente.
Hace seis meses en vergüenza y desespero,
llevando en mí el dardo que me ha atravesado,
contra mí, contra vos, en vano me resuelvo;
si voy hasta los bosques vuestra imagen me sigue;
si estáis presente, huyo; si os ausentáis, os busco;
la claridad del día, las sombras de la noche,
todo trae a mis ojos el encanto que evito,
todo lleva a entregaros al tan rebelde Hipólito.
Yo mismo, como fruto de mis vanos esfuerzos,
intento dar conmigo y no puedo encontrarme.
Arcos y jabalinas y carro me importunan,
ya no sigo jamás lecciones de Neptuno.
Mis agudos gemidos hacen que el bosque tiemble,
mis ociosos corceles olvidaron mi voz.
Quizá este relato de un amor tan salvaje
os sonroje al saber que todo es obra vuestra.
¡Qué hosca la expresión de un corazón que es vuestro!
¡Qué extraño cautivo para tan dulce lazo!
Pero esta ofrenda debe ser cara a vuestros ojos.
Imaginad que os hablo una lengua extranjera
y así no rechacéis deseo mal expresado,
que, sin vos, nunca hubiera Hipólito formado.