Donde vivo, a veces, las casas arden; otras, naufragan. Estamos acostumbrados a las emergencias y a las incomodidades. Aquí no existen las alertas meteorológicas ni los números de asistencia o de prevención de riesgos. Aquí, sin cooperación ni solidaridad, los seres humanos no pueden sobrevivir. Por eso somos tan unidos en los pueblos. Por eso nuestras tradiciones perduran; para bien y para mal.