Escrita tres años antes que la obra de Edward Said, Orientalismo, y cuatro años antes que la de J. F. Lyotard, La condición posmoderna, esta obra iniciaba la crítica del occidentalismo (como crítica del “centro”) y de la Modernidad (usando aún el término de “posmoderno”, aunque con otro sentido). Se trataba de un programa de investigación filosófica que descentraba las referencias dominantes, levantándose críticamente ante Europa, ante el machismo, ante la ideología pedagógica occidentalista, ante el fetichismo imperante (ya que las dictaduras militares eran fruto de un fundamentalismo cristiano oscurantista).