Quienes no han tenido experiencia con sectas o grupos religiosos se asombran de la manera como las víctimas parecen obedecer mansamente las peores demandas de sus victimarios. Lo que hay que recordar es que esta sumisión no se da de manera súbita, ni en el vacío: hay un trabajo previo de aislamiento, de desintegración del sentido del yo y del sentido de la realidad que, tarde o temprano, logra romper todo juicio.