De estas dos emociones, el amor y el odio, que no son nada más que las dos caras de la misma moneda, se alimenta la magia. No es cuestión de ser malo o bueno, simplemente las cosas nunca son tan fáciles como parece, el bien y el mal no son términos absolutos. Es cuestión de sentir intensamente el amor o el odio y de aprovechar esa energía para conseguir los objetivos que se pretenden.