En los años ochenta nació en los círculos militares la idea de automatizar por completo todo tipo de actuaciones tanto militar-dirigentes, como politicoeconómicas. Ese concepto, denominado posteriormente como «la Idea de un Único Estratega», se atribuye al general Stewart Eagleton. Fue él quien concibió, más allá de los ordenadores, la búsqueda de objetivos óptimos de ataque y, más allá de la red de comunicación y cálculo que gestionaba la alarma y la defensa, más allá de los detectores y de los misiles, un poderoso centro que, durante todas las fases precedentes a la extrema necesidad bélica, sería capaz —gracias a un análisis multilateral de datos económicos, militares y políticos, incluidos los sociales— de optimizar sin cesar la situación global de EE.UU., garantizándole al mismo tiempo a dicho país la supremacía a escala planetaria y una expansión cósmica más allá de la luna.